ASESINATO ALEVOSO E… ¿IMPECABLE? – Capítulo IV

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Por gentileza del magnifico detective y mejor persona bajo el seudónimo de E-M SORIO MARTÍNEZ-SORIO – ASESINATO, ALEVOSO E… ¿IMPECABLE?, iremos publicando capítulos de su novela cada semana:

CAPITULO IV


RICARDO VISITA A ROSANA
Amanece de nuevo, se presenta un nuevo día, sábado, el tiempo continúa desapacible, con lluvia y viento, Rosana, se levanta alrededor de las nueve y media de la mañana, entra en la cocina y se prepara el desayuno, hoy, por el tiempo que hace, se prepara un vaso de leche muy caliente con un par de sobres de cola-cao, una tostada con mermelada de melocotón y un yogur, para terminar, un café, de esta forma, recupera fuerzas, dedicando la mañana, hasta las 14 h, a trabajar en el nuevo expediente (al igual que la semana pasada), es decir, elaborar o diseñar nuevas estrategias financieras, solicitadas en el expediente.
El expediente corresponde a un nuevo cliente, representante de un grupo de inversores que, en un primer momento, presenta un patrimonio muy importante a gestionar, por ello, hay que presentar un estudio acorde con lo solicitado por el cliente, ello, hace que le preste el máximo interés, por una parte, para buscar el mejor asesoramiento posible, por otra, para evitar suspicacias del consejero, señor Taylor, en el caso que las tenga, asimismo, de inmediato, realiza unas fotografías con el móvil de la información que consta en el expediente, en particular, el gestor que los representa, así, como el correo de contacto, las cuales, envía por WhatsApp al contacto convenido.

Se da la circunstancia, que hoy, a Rosana, no le apetece cocinar, por ello, pide al restaurante ubicado en las inmediaciones, del cual, es cliente los fines de semana, una mini ración de cocido madrileño (porque el tiempo acompaña y le apetece), de postre un delicioso flan de coco, este, insuperable.

Comienzan los informativos de las tres de la tarde, Rosana, ha terminado de comer, está preparándose un café, como es habitual en ella, abre el dispensador, coge la capsula que por orden corresponde y las que quedan las deja de forma alineada, prepara el café, si bien, de inmediato retira la capsula, la tira a la bolsa de basura, después, limpia la cafetera con paño húmedo, y la deja lista para utilizar de nuevo.
Señalar que, Rosana es muy ordenada y meticulosa, tanto en su vida privada como en la actividad laboral, quizás, pueda padecer un trastorno obsesivo-compulsivo, porque todo debe estar en un orden preestablecido, superando, en ocasiones, los límites aceptables. En el mismo momento en el que está tomando el café, recibe una llamada al móvil, cuando confirma quien es la persona que le está llamando, rechaza la llamada, sin embargo, le insiste varias veces (e incluso, recibe mensajes de dicho número de teléfono), no obstante, tiene decidido no atender ninguna llamada, de momento, en particular, de la persona que le está llamando.

Liberada de las molestias de las llamadas, escucha el mensaje, con gesto serio y cierta preocupación, cuyo contenido es el siguiente:
«Rosana, por favor coge el teléfono, tenemos que hablar, llevas más de dos meses evitándome y un mes sin poder hablar contigo, ello, después de imponerme que me tenía que divorciar, al igual que ibas a hacer tú, para irnos a compartir el futuro juntos; sabes el precio que he tenido que pagar, divorciarme me ha supuesto entregar la mitad de mi negocio, propiedades, así, como discusiones con mis hijos, que ahora se niegan incluso a verme, sin embargo, todo ha sido por ti, no obstante, a pesar de todo ello, ahora, no solo me rechazas, sino que, ni siquiera me hablas para darme una explicación».
Transcurren veinte minutos de la primera llamada, 15:35 h suena el timbre de la puerta, Rosana, intuye quien puede ser (porque tiene llave del portal del edificio), llaman dos veces más y desiste, bueno, eso cree Rosana, sin embargo, sigue fuera del campo de visión de la mirilla de la puerta, al final, para evitar altercados (porque no se lo podía permitir, por varias razones), le deja pasar al salón y…
—Gracias Rosana ¿que está pasando?, ni siquiera un abrazo —reprocha enfadado Ricardo por la fría acogida.
—¿Pasar? nada especial, Ricardo, cosas naturales de la vida, en mi caso que, el amor que tenía y sentía por ti, se ha evaporado, así ha sido… lo siento —trata de explicar y justificar, Rosana.
—Disculpa, he traído las pastas que tanto te gustan y en particular el tocino de cielo especial que tantas y tantas veces hemos compartido, confío que, nada de ello lo rechaces, como haces los último meses conmigo, y en particular, el delicioso tocino de cielo, si bien, en esta ocasión no podamos degustarlo juntos, como me hubiese gustado, pero al menos, déjame imaginar que su delicioso sabor te retraiga a esos momentos tan felices que hemos compartido, quizás te hagan reconsiderar la situación de la relación entre nosotros —insiste Ricardo, tratando de reconducir la situación.
—Gracias, Ricardo, luego las tomo, porque ya he tomado el café, pero llevas razón, hemos compartido momentos inolvidables, donde me he sentido la mujer más amada y feliz de la tierra, sin embargo, ahora no es así, pero te prometo que tomaré nuestro tocino de cielo, lo que no te puedo prometer es que los sentimientos hacia ti cambien, Ricardo —responde Rosana, en tono conciliador.
Ante semejante y tensa situación, Ricardo no acierta a comprender lo que le está sucediendo, máxime, cuando para él todo se ha vuelto más que difícil, negativo en su grado máximo.
—Rosana, no comprendo lo que está sucediendo, ¡con los planes que teníamos para un futuro juntos! —pregunta Ricardo.
—Pues debes comprenderlo, las circunstancias son las que son, además, no hay otra solución que aceptarlo y asimilarlo, en estos momentos… no siento nada por ti, a buen seguro, Ricardo, lo debes suponer —responde Rosana, tratando de justificar su proceder.
—Tanto has cambiado Rosana, en los últimos tres meses, ¿Quizás ha sucedido algo que debería conocer? Como bien sabes, llevamos desde final de marzo sin estar juntos, luego te marchaste, con Adrián de mini vacaciones de Semana Santa a la playa de Alicante, al regreso, todavía te vuelves más esquiva e incluso, ni siquiera respondes a mis llamadas —se lamenta Ricardo.
—Si, es cierto, Ricardo, estuve unos días en Playa de San Juan, recuperando energías —confirma Rosana.
En esos instantes, los recuerdos se le agolpan a Rosana, porque para ella, fueron unas vacaciones muy diferentes a todas las demás, vivió al filo del abismo, donde la pasión y lujuria era el menú diario, porque hacía dos semanas que había conocido a Héctor, en Madrid, tal fue la pasión desatada entre ambos que, incluso concertaron de encontrarse en Alicante, en Playa de San Juan, como así sucedió.
En realidad, las vacaciones transcurrieron en Playa de San Juan-Alicante, donde más de una decena de kilómetros de playa, invitan a pasear, quizás, más apropiado sería, caminar descalzo, por la orilla del mar, sin duda, un placer del que se puede disfrutar todo el día; si bien, en este caso, en particular, servía de coartada a Rosana para ocultar los encuentros íntimos, apasionados e inmersos en la lujuria que mantenía con su amado Héctor, sin embargo, pasión y lujuria que negaba por costumbre en el lecho conyugal a su esposo, Adrián.
Los paseos por la orilla del mar, es una costumbre muy arraigada entre los visitantes de Playa de San Juan, de igual modo, para Rosana era inexcusable no hacer su cotidiano paseo, como lo venía haciendo desde que comenzó a visitar Playa de San Juan de Alicante años atrás; por el contrario, Adrián prefería quedarse en el apartamento, adquirido hace unos años, leyendo o sentarse en la terraza del bar anexo a la urbanización, en la cual, pasan los días de vacaciones.
En apenas unos segundos, a Rosana se le evocan los recuerdos de dichas vacaciones, cuando Héctor, siguiendo las indicaciones de Rosana, había reservado apartamento en la misma playa, alejado un par de centenares de metros del apartamento de ella, de esta forma, sustituía las dos horas de paseo por la playa, por el encuentro apasionado y lujurioso en el apartamento de Héctor.
Sin embargo, a Adrián, no le sorprendía los paseos por la orilla del mar de su esposa Rosana, de mañana y tarde, porque caminar descalza por la playa, sobre la arena mojada, era una costumbre arraigada en ella, que practicaba todos los días que visitaban Playa de San Juan, sin embargo, estas mini vacaciones de Semana Santa, el motivo y circunstancias de dichos paseos, eran por cuestión muy diferente.
—Cariño, no olvides el protector solar, que son muchas horas al sol —le recuerda Adrián a su esposa, Rosana.
—Llevas razón, vida, para evitar quemarme, este año utilizo un protector muy elevado, de esta forma, me protejo y puedo pasear mucho más tiempo sin preocuparme —justifica Rosana, sabiendo a ciencia cierta, que de ninguna forma el sol le va a quemar, en todo caso… sería la pasión.
El tiempo acompañaba, porque la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), en estos días de Semana Santa, pronostica un potente anticiclón centrado en el Canal de la Mancha, así como una pequeña baja en el Golfo de Cádiz, traerá tiempo estable durante los primeros días del periodo vacacional de la Semana Santa, ya que brillará el sol y hará más calor de lo normal, llegando incluso a los 30 grados.
Mientras Rosana sigue evocando aquellos momentos de pasión y lujuria, Ricardo continúa hablando, si bien, ella hace caso omiso a lo que este le dice, está ensimismada en sus recuerdos, hasta que vuelve a la realidad…
—Pues desde el regreso, Rosana, algo sucedió contigo —es la duda de Ricardo.
—Quizás, circunstancias de la vida o del destino, quien sabe —responde Rosana, eludiendo la pregunta.
—Porque desde entonces todo son escusas, y unas veces decías… tengo mucho trabajo y terminaré tarde, o bien, tenemos reunión, otra escusa era, tenemos aperitivo en el despacho con los compañeros, otra, he quedado con una amiga que tiene un problema y quiere hablarlo conmigo, etc. —insiste Ricardo, enumerando las escusas de Rosana para evitar encontrase con él.
—Era cierto, compromisos que no se pueden eludir, Ricardo, en absoluto eran excusas —trata de justificar Rosana, si bien, sin mucho convencimiento.
—Además, como bien sabes, Rosana, has truncado el viaje a Japón, en el cual me ibas a acompañar, lo teníamos ya planificado, sin embargo, he tenido que ir solo, sin ilusión alguna, sin embargo, tenía que ir por el compromiso del laboratorio —le reprocha Ricardo, por no acompañarle en el viaje a Japón, cuando lo tenían acordado y planificado entre ambos.
—Es cierto Ricardo, lo tenías concertado desde enero, sin embargo, recuerda que en esas fechas estábamos al 100% el uno con el otro y viceversa, era diferente, otro mundo —responde Rosana, bajando la mirada.
—¡Que diferencia!, es verdad, ¿recuerdas el día14 de febrero, San Valentín?, en particular la cena que compartimos aquí, en este mismo salón, uf, por ello no entiendo el cambio tan radical, si, si, Rosana, has cambiado mucho, el motivo, quizás no lo conozco, si bien lo intuyo, o quizás lo conozco, si, sin duda creo que lo conozco y de primera mano —insinúa Ricardo, cuando en realidad, quizás, lo podía afirmar.
—No, Ricardo, además, yo no he cambiado, lo que ha cambiado son los sentimientos, así como el amor que sentía por ti, que se ha diluido como un terrón de azúcar en el café, y eso no lo puedo cambiar —se justifica Rosana.
Ante el silencio de Ricardo, que está sentado con el torso inclinado, con los codos apoyados en la rodilla, la cabeza entre ambos brazos, asimismo, los ojos se le humedecen, dejando caer alguna lágrima, momento que Rosana aprovecha para reiterar su punto de vista al respecto.
—¿Recuerdas Ricardo?, seguro que sí, porque hemos comentado en ocasiones que, sobre el corazón y los sentimientos no se puede mandar, solo seguir sus indicaciones, las cuales, seguimos como autómatas —comenta Rosana, intentando justificar su cambio de actitud respecto a los sentimientos hacia Ricardo.
Sin embargo, Rosana, le oculta la verdad, fue 15 días antes de Semana Santa cuando conoció a Héctor, y desde ese mismo momento su vida ha dado un giro total, tanto que, incluso, está realizando actividades, las cuales, en su caso, pueden ser calificadas de delito, con el peligro y riesgo que ello conlleva, tanto a nivel personal como profesional, incluso, con responsabilidad penal.
—Si, lo recuerdo, Rosana, sin embargo, sabes el paso que he dado por ti, sólo por ti, por amor y atendiendo a lo que me pedías, me he divorciado, con todo lo que ello ha supuesto —responde Ricardo. entre lágrimas.
—Lo siento, Ricardo, mi intención no era hacerte daño, sino lo contrario, compartir el futuro contigo, los dos juntos, sin embargo, las circunstancias cambian cuando el destino se impone y rige nuestras vidas, como bien sabes, el destino es caprichoso e inexorable —responde Rosana, enfatizando sus argumentos tratando de convencerle.
—Sí, quizás pueda ser posible, Rosana, sin embargo, te recuerdo tu exigencia e insistencia, al respecto, sí o sí, me debía divorciar, como también lo harías tú, sin embargo, yo he dado el paso, me he divorciado, si bien, no ha sido un paso a la felicidad, sino al precipicio —comenta Ricardo, lo que le ha supuesto el cumplir la exigencia de Rosana.
—Te comprendo, Ricardo, si bien, cuando se presentan causas de fuerza mayor, las circunstancias cambian, en este caso, he dejado de sentir lo que antes sentía por ti, por favor, no insistas, porque en estos momentos no voy a cambiar mi decisión, salvo que me vuelva a enamorar de ti, porque como bien conoces, el amor es así de caprichoso, el corazón manda y si el cerebro es su aliado… imparable —Rosana, trata de justificar su proceder por el cambio de actitud, respecto a la relación que mantenía con Ricardo.
—Cuanto menos, déjame decirte todo lo que he hecho por estar contigo… tan solo para que lo tengas en cuenta, por si decides reconsiderarlo —argumenta Ricardo, tratando que Rosana reconsidere su actitud hacia él.
—De verdad, Ricardo, lo siento, imagino que te habrá costado mucho, pero no puedo ir contra los sentimientos, no insistas, por favor, te lo ruego, no lo hagas más difícil —responde Rosana, cerrando todas las puertas e impidiendo volver a la relación que mantenían ambos.
No obstante, haciendo caso omiso al ruego de Rosana, por la necesidad imperiosa de darle a conocer lo que ello le ha supuesto, Ricardo, enumera con detalle el coste de dar este paso, es decir, divorciarse para compartir el futuro con Rosana.
—De verdad, Rosana, ha supuesto muchísimo para mí, porque el divorcio me ha costado el 50% de las propiedades y el 50% de los negocios… uf —comenta Ricardo, con lágrimas en los ojos—, además, me ha dolido, en particular la perdida de la farmacia, así como el laboratorio, todo ello, te recuerdo, lo he creado personalmente trabajando duro, sin embargo, ahora, de la noche a la mañana, pierdo la mitad de todo lo que tenía, el control del negocio y sobre todo, lo más triste y doloroso es perder el 100% de ti, Rosana, esto, perderte a ti va a ser mi mayor tragedia —expone Ricardo, momento que sus ojos continúan dejando caer lágrimas, estas, recorren sus mejillas, sin encontrar consuelo, sino todo lo contrario, dolor en el corazón y en el alma.
Las circunstancias del momento, propician a Ricardo el tener que hacer una pausa en el relato, para respirar hondo, tomar aire con fuerza y profundo, antes de continuar exponiendo su desazón moral o pesadumbres.
—Incluso el viaje que teníamos previsto a Japón, ¿lo recuerdas? Rosana, los planes que hicimos, sin embargo, todo se ha ido por la borda —se lamenta Ricardo.
—Si, claro, que lo recuerdo, el viaje era para fechas pasadas, sin embargo, bien sabes que, te acompañaba si estaba divorciada, esa la condición, no obstante, la situación ha cambiado —apostilla Rosana.
—Cierto, en ello estoy de acuerdo Rosana, la situación ha cambiado, si bien, resultando de lo más negativo para mí —responde contundente Ricardo.
—De verdad, Ricardo, lo siento, no sé qué decir, solo reiterar que, en los sentimientos no se puede mandar, porque son como un volcán, cuando está en erupción la ardiente lava recorre sus laderas, y en contraposición, cuando está dormido o extinto… frío; pues algo similar me ha sucedido contigo, Ricardo, vivimos la etapa de la erupción, con la pasión más ardiente, fogosa y apasionada posible, sin embargo, ahora, estoy en la fase de dormido o extinto, es decir, la situación que conoces y debes asimilar —responde Rosana, tratando de explicar la situación actual respecto a sus sentimientos hacia Ricardo.
Ricardo, en estos momentos se siente abatido, no responde a las razones expuestas por Rosana, es consciente que la ha perdido para siempre, porque la frialdad que muestra con él, le era desconocida en Rosana, está desconocida, parece otra persona, o quizás es una diferente Rosana.
—Por favor —insiste Rosan—, te ruego que te marches, tengo trabajo, ya en otra ocasión hablamos, por ejemplo, la próxima semana, te llamo y tomamos un café, ¿te parece bien? —le propone Rosana, con el fin de terminar la visita de Ricardo cuanto antes.
—Mejor, te ruego que, si recuperas los sentimientos hacia mí, entonces me llamas y vuelo a tu lado, sin embargo, si es para darme solo consuelo, por favor, mejor te ahorras la llamada. No obstante, no olvides, Rosana, que siempre estaré en la estación por donde pase tu tren, por si un día se detiene y me permites subir a él, sin duda, será como tocar el cielo con la punta de los dedos —propone Ricardo, con la esperanza que, por un casual, algún día, los sentimientos de Rosana, vuelvan a cambiar hacia él.
La importancia del momento por los sentimientos que hay en juego, de nuevo hacen que, por las mejillas de Ricardo se deslicen lágrimas llenas de dolor que salen del corazón, si bien, son lágrimas que surgen del manantial del alma.
—Todo es posible Ricardo, igual que van, vienen, los sentimientos no tienen barreras ni conocen de fronteras —dice Rosana, tratando de dejarle alguna esperanza en un futuro.
—En fin, al menos he intentado salvar lo nuestro, Rosana, sin embargo, ello solo depende de ti, no obstante, disculpa si en algo te he molestado, si bien, es algo muy importante para mí, creo que lo sabes —comenta Ricardo.
—Comprendo lo que sientes, Ricardo, sin embargo, la vida es así, llena de sorpresas, unas nos favorecen, otras… nos hunden; además, en absoluto me ha molestado nada de lo que has dicho, porque comprendo la situación por la que puedes estar pasando, de verdad lo lamento —contesta Rosana, tratando de empatizar con Ricardo.
—Ah, Rosana, el motivo de esta situación, ¿ha sido otra persona? —pregunta Ricardo de forma imprevista, cuando se estaba marchando.
Rosana se queda perpleja, confundida durante unos instantes, si bien, lo supera de inmediato, tal es así que, le responde con frialdad absoluta, a pesar de lo que está sucediendo en realidad.
—En absoluto, de ninguna manera, Ricardo, solo es cuestión de sentimientos y amor, sabes lo apasionada que he sido contigo, porque lo sentía en el corazón y en cada centímetro de mi piel, si bien, eso ha cambiado, de verdad, lo siento, igual en un futuro nos reencontramos —dice Rosana, tratando de justificar su proceder.
—Permíteme dudar, no obstante, quizás fuese así, si bien, intuyo que la realidad es otra, no obstante, de todas formas, sabes dónde encontrarme, bueno, quizás resulte más apropiado no alargar esta situación, si bien, me gustaría decirte… Rosana, hasta luego, sin embargo, presiento que es un adiós e incluso, un hasta nunca —dice Ricardo, a modo de despedida.
De nuevo se humedecen los ojos de Ricardo, siendo testigos sus mejillas, por las cuales, de nuevo se deslizan lágrimas llenas de dolor que salen del corazón roto, si bien, son lágrimas arrancadas del alma.
—Adiós, Ricardo —dice Rosana, con tan fría despedida.
—Ah, por favor, cuando tomes las pastas que he traído y nuestro tocino de cielo, que otras veces hemos compartido, al menos, por unos minutos, acuérdate de mí, de lo que hemos vivido juntos, por favor, Rosana, hazlo así, porque a buen seguro, por unos instantes tu alma y la mía… se reencuentren —comenta Ricardo, conocedor de haber perdido la partida del amor con Rosana.
—Te lo prometo, Ricardo, así lo haré —Rosana asiente con la cabeza, se queda en silencio, tan solo baja la mirada por un instante, mientras Ricardo se dirige a la puerta para marcharse.
Antes de abrir la puerta, Ricardo se vuelve hacia Rosana y le muestra unas fotografías, esta, las observa, en ese mismo instante, se queda atónita.
—Por cierto, Rosana, ¿los reconoces? —pregunta Ricardo, con semblante serio.
—Sí, claro que le conozco, es un cliente de mi empresa que me acompaña con motivo de una reunión de trabajo —responde balbuceando Rosana.
—Si, lo entiendo, pero conozco tus visitas al medio día a este apartamento, observa las fotografías, son de 5 días diferentes, evidentemente, a buen seguro, habrá muchas más visitas que no tengo recogidas en fotografías —comenta Ricardo, con frialdad.
Rosana se ha quedado bloqueada, no sabe que decir, pero lo que le dice a continuación Ricardo, le hace palidecer.
—Por cierto, Rosana, he intentado reconducir la situación, sin embargo, parece que no es posible, no obstante, a pesar de ello, te comento que conozco a que se dedica la persona con la que vas al centro de negocios, en realidad, apartamento de la planta 12 H, por cierto, no es cliente, sino competencia, o quizás, ninguna de las dos, si bien, eso es otra cuestión —expone Ricardo, conocedor de las circunstancias que rodean estos episodios.
—No, no, Ricardo, estás en un error, sí que es cliente, lo demás que dices lo desconozco —dice Rosana, sin embargo, guarda para si la verdad que, en absoluto es la que le ha dicho a Ricardo.
—Bien, Rosana, tu decisión la tienes clara, ¿verdad? —pregunta Ricardo, con la esperanza que ella lo reconsidere.
—Sí, sí, es evidente, Ricardo —responde Rosana, segura de su decisión.
—Entonces, Rosana, solo desearte que disfrutes de la vida, porque a veces, nos resulta corta, muy corta, para realizar todo lo que tenemos planificado o soñado, así es la vida —dice Ricardo, a modo de premonición.
—Igualmente Ricardo, te deseo todo lo mejor, de corazón, porque has significado mucho en mi vida, si bien, las circunstancias cambian, lo siento —responde Rosana, en parte, con cierto pesar por la situación creada.
—Por cierto, Rosana, viendo tu actitud respecto a nosotros, lo doy todo por perdido, no obstante, tengo que comentarte dos circunstancias, una, ahora, la otra, en unos días, de verdad que, te interesa conocerlas —le aconseja Ricardo.
—Por favor Ricardo, no te esfuerces, de momento, no voy a volver contigo, es igual lo que digas o inventes —responde Rosana, levantando la voz.
—¿Inventar?, por favor Rosana, no lo necesito, no obstante, digo la primera, he coincidido, hace 10 o 12 días, en la cafetería del centro de negocios, con tu jefe, señor Taylor, observando como llegabas y con quien, permaneciendo las dos horas que solías tardar en marcharte ¿crees que es un invento? —dice Ricardo, con cierta ironía.
Cuando escucha esta última frase, Rosana, siente como un escalofrío recorre su cuerpo, situación que propicia la circunstancia de no acertar a decir ni una palabra, permaneciendo en silencio, con la mirada perdida.
—La otra cuestión, te la diré en otra ocasión, a buen seguro te interesa escucharla, de verdad, debes escucharla, de todas formas, no te molesto más, reflexiona, Rosana, adiós o hasta nunca, quien sabe —dice Ricardo, aconsejando que conozca la cuestión pendiente, mientras cierra la puerta tras de sí al marcharse del domicilio de Rosana, del cual, guarda tan buenos recuerdos en el pasado.